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Mayorías adversas en Comisión Tercera cierran el paso al proyecto.

La reforma tributaria que buscaba un recaudo de hasta $26 billones para 2026 fue encerrada por ponencias de archivo en Senado y Cámara. El desenlace altera el mapa fiscal: sin nuevos ingresos, el Gobierno deberá reordenar el presupuesto, acelerar la austeridad y fortalecer la gestión de recaudo.

El impuesto al carbono, los ajustes en renta personal y el tratamiento de dividendos fueron los focos que más resistencia generaron. La consecuencia inmediata: buscar ahorros y traslados para cumplir metas de déficit sin deteriorar la confianza.

Para 2026, el Presupuesto General proyectaba gastos que requerían ingresos adicionales. Sin reforma, las opciones son: i) recortar y priorizar partidas, ii) mejorar fiscalización y combatir la evasión, iii) presentar una reforma 2.0 más acotada y progresiva.

El archivo se cimentó en el Senado, donde 10/17 firmas en la Comisión Tercera anticiparon que no había mayorías. En Cámara, la ponencia negativa de Katherine Miranda reforzó el mensaje de fatiga tributaria.

El capítulo ambiental fue el “cisne negro” del debate. El aumento en el costo de combustibles se traslada a fletes y alimentos, presionando la inflación y el consumo. Sin amortiguadores, el Congreso activó el freno.

El riesgo macro es manejable si se despliega un paquete de austeridad creíble: congelación de gastos no prioritarios, revisión de exenciones y fortalecimiento de DIAN. Un rediseño que priorice pymes, inversión y transición gradual en carbono puede reabrir puertas.

Para los mercados, la señal es mixta: se despeja la incertidumbre de una reforma percibida como pro-recaudo, pero persiste la duda sobre sostenibilidad fiscal. La clave será la hoja de ruta oficial y su ejecución en los próximos meses.

Empresas de transporte y logística ganarían oxígeno si se mantiene estable el precio de combustibles, aunque el Gobierno podría ajustar otros frentes de ingreso no legislativos de corto plazo.

Sellado el archivo, el Ejecutivo podría enviar un paquete técnico con metas más pequeñas, compensaciones visibles y gradualidad: menos recaudo, más previsibilidad.

Gremios pidieron estabilidad normativa, y sectores de la oposición celebraron el “alivio” tributario. Los analistas recomiendan una regla de gasto verificable, metas de eficiencia trimestrales y un plan de inversión pública focalizado.

El Ministerio de Hacienda trabaja en un Plan B: redirección de gasto, programa anti-evasión y un borrador de reforma enfocada para el primer semestre del próximo año legislativo.

Sin reforma no hay milagros: la sostenibilidad dependerá de austeridad, gestión y un rediseño tributario más consensuado. La ruta fiscal de 2026 se reescribe desde hoy. 

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