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Autoridades verifican videos mientras crecen las brigadas barriales.

La llamada llegó cuando Madelena apenas amanecía. “No ha vuelto”, dijo una voz que desde ese día revisa, una y otra vez, el mapa del sur. José, 27 años, salió de madrugada con una excusa práctica por el pico y placa y prometió regresar pronto. La última pista lo ubica cerca del Centro Comercial El Ensueño. Desde entonces, el barrio parece otro: hay ojos atentos en porterías, vendedores que miran hacia las cámaras y vecinos que preguntan qué más pueden hacer. 

En la tarde, la familia supo de una noticia inesperada: a la bandeja de entrada de su pareja llegó una carta con frases que, según contaron, hablan de agradecimientos y disculpas. No es fácil leerla. Se convirtió en un documento que investigadores revisan con cuidado, mientras los allegados repiten el mismo mensaje: “Ayúdennos a encontrarlo y evitemos rumores que confundan”. 

Con un buzo gris con capota y jean azul, así lo imaginan caminando entre buses del SITP, sobre la Autopista Sur o hacia la Avenida Villavicencio. Los grupos de WhatsApp se llenaron de fotos, rutas probables y voluntarios para pegar afiches. El teléfono sigue apagado, y ese detalle tan simple ha sido el obstáculo que más pesa. 

Mientras Policía y Fiscalía cruzan videos y testimonios, la comunidad levanta su propia brigada de búsqueda: comerciantes que revisan grabaciones, conductores que reportan algo, estudiantes que crean diseños para redes. No hay descanso; el sur de Bogotá conoce ese esfuerzo colectivo cuando alguien falta. 

Antes de dormir, la familia repasa lo hecho y lo que viene: insistir en el 123, llamar al número de contacto, acompañarse. “Si lo ves, avisa. Cualquier pista cuenta”. El caso sigue abierto y la esperanza también.

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