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El Gobierno niega sobrecostos y detalla mantenimiento y offsets.

Colombia confirmó la compra de 17 aviones de combate Gripen a Suecia y el anuncio llegó con un mensaje político: el presidente Gustavo Petro negó “sobrecostos”, defendió el paquete técnico del contrato y retó a la UIAF a publicar la trazabilidad de sus cuentas. El objetivo oficial es reemplazar la flota Kfir y asegurar continuidad operativa en la Fuerza Aeroespacial Colombiana.

Según reportes internacionales y locales, el acuerdo asciende a alrededor de €3.100 millones —también referenciado como $16,5 billones COP— y contempla un plan de entregas escalonadas. El Gobierno sostiene que se trata de aeronaves nuevas, con mantenimiento, repuestos, capacitación y transferencia tecnológica, además de offsets para impulsar industria y conocimiento en el país.

En lo técnico, el paquete incluye 15 Gripen E y 2 Gripen F (biplaza), con sensores modernos y arquitectura abierta para misiones multirrol. Estas aeronaves reemplazarán a los Kfir, un sistema que llegó a su límite por antigüedad y costos de sostenimiento. La transición implica entrenamiento de tripulaciones y adecuación de infraestructura (pistas, hangares y soporte logístico).

El precio varía según la forma de contabilizar componentes y la tasa de cambio. Fuentes coinciden en el rango de €3,1 mil millones, mientras que estimaciones en pesos lo ubican en $16,5 billones. El Gobierno subraya que el contrato es “llave en mano”: incluye sostenimiento inicial, repuestos y transferencia de capacidades para minimizar riesgos de obsolescencia.

El cronograma proyecta entregas entre 2026 y 2032, con fases de formación, certificaciones y entrada en servicio progresiva. Este escalonamiento busca evitar brechas de defensa, mantener disponibilidad y permitir que el personal domine los nuevos sistemas antes de desactivar completamente los Kfir.

En gobernanza, el Ejecutivo destaca que la FAC respaldó la elección tras comparar propuestas internacionales. El presidente aseguró que hubo advertencias explícitas contra comisiones irregulares y que Suecia es un “ejemplo de transparencia”. La discusión pública gira ahora en torno a publicar versiones no reservadas del contrato y establecer tableros con hitos de ejecución.

La controversia política se cruzó con la vida privada del mandatario y menciones a la primera dama, Verónica Alcocer. Petro afirmó que su vida personal está separada de las decisiones de Estado y pidió a la UIAF divulgar sus cuentas para despejar dudas. El debate se trasladó a redes, donde oposición y oficialismo disputan el relato sobre prioridades fiscales y transparencia.

A nivel regional, el caso de Brasil —que ya opera y participa industrialmente en el Gripen— es referencia. El aprendizaje sugiere que los offsets solo funcionan si tienen indicadores claros, gobernanza contractual y evaluación periódica, con participación de universidades y proveedores locales.

En impacto económico, el resultado dependerá del perfil de pagos y de la calidad de los proyectos asociados. Los expertos recomiendan asegurar metas medibles: porcentaje de participación local, empleo generado, transferencia efectiva de tecnología y métricas de disponibilidad de la flota.

El control político en el Congreso se concentrará en tres frentes: 1) cumplimiento del cronograma, 2) costos de ciclo de vida (no solo de compra) y 3) verificación de offsets. Sin claridad periódica, la discusión sobre costo/beneficio se mantendrá abierta y el programa quedará bajo escrutinio ciudadano.

Bancadas opositoras pidieron publicar más detalles del contrato y del plan de pagos. Desde el Gobierno insisten en que el acuerdo fue avalado por la FAC y que incluye sostenimiento y repuestos, lo que reduciría riesgos de disponibilidad y costos ocultos. El seguimiento a hitos y auditorías será determinante.

En redes, el cruce por la primera dama amplificó la conversación. Analistas prevén que la temperatura del debate dependa de qué tan proactiva sea la publicación de información y de la capacidad para demostrar beneficios industriales tangibles en el corto y mediano plazo.

El contrato por 17 Gripen inicia una fase donde la ejecución será la prueba definitiva: transparencia, metas industriales y disponibilidad operacional. Sin datos públicos y evaluación continua, el consenso será esquivo. 

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