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En 2026, cuatro parques más arrancan su camino.

Bogotá dio un giro de servicio público con impacto ambiental: el Parque Metropolitano Simón Bolívar obtuvo el ‘Sello Verde de Verdad’ al certificarse como carbono neutro. La auditoría corrió por cuenta de VERSA Expertos en Certificación S. A. S., bajo la NTC ISO 14064-1, estándar que obliga a medir, reducir y compensar las emisiones con trazabilidad técnica.

En términos simples, el parque cuantificó su huella, implementó acciones para bajar emisiones y compensó el remanente —unas 8.700 toneladas de CO₂— con créditos de carbono gestionados con apoyo de CO2CERO. Todo ello en un escenario que en 2024 recibió cerca de 4,7 millones de visitantes, con picos de asistencia en conciertos y festivales.

¿Qué cambió en la operación cotidiana? Primero, el manejo de residuos: más del 80 % pasó a aprovechamiento gracias a separación en la fuente, rutas diferenciadas y compostaje para producir abono usado en jardines y zonas verdes. Segundo, la movilidad: se promovieron viajes en transporte público y bicicleta para asistentes y equipos logísticos, reduciendo desplazamientos en vehículos de combustión.

Tercero, el parque ajustó protocolos en eventos masivos: más puntos de reciclaje, logística de limpieza por fases y educación al público. Cuarto, fortaleció la medición de emisiones con inventarios, límites organizacionales y factores de emisión acordes con la NTC ISO 14064-1. Quinta, documentó controles de calidad y verificación independiente.

La certificación no solo es un sello simbólico; exige mantenimiento del desempeño. Por eso el IDRD definió metas anuales, indicadores de reducción y revisiones externas periódicas. Donde no es posible reducir aún —energía de escenarios, transporte de carga, insumos— se recurre a bonos certificados para equilibrar el balance.

Para los visitantes, los cambios se ven en señalización, estaciones de separación y campañas pedagógicas. Para proveedores y promotores, significan requisitos ambientales más estrictos: planes de residuos, rutas de acceso más limpias y logística optimizada para minimizar viajes y embalajes.

Este caso deja lecciones replicables para otras ciudades: empezar con un inventario serio, establecer metas claras de reducción, profesionalizar el aprovechamiento de residuos, y usar la compensación como complemento, no como excusa. La gobernanza cuenta: transparencia de datos, auditorías y educación constante.

Mirando al futuro, el Distrito anunció que en 2026 iniciarán su ruta de carbono neutralidad los parques El Tunal, Timiza, Ciudad Montes y San Cristóbal, con metas graduales de energía eficiente, electrificación de flotas y mejoras en iluminación y riego.

Desde el sector ambiental, organizaciones celebraron que la etiqueta sea verificada por tercera parte y pidieron reforzar la reducción directa para depender menos de compensaciones. Operadores de eventos ven en el sello una oportunidad de reputación y diferenciación para festivales sostenibles.

Autoridades distritales señalaron que la certificación se sostendrá con medición anual, auditorías y reporte público. El turismo local y regional destacó el impacto en la imagen de Bogotá como destino responsable.

 El Simón Bolívar demuestra que la carbono neutralidad puede gestionarse con metodología, disciplina y pedagogía ciudadana. El reto ya no es llegar, sino sostener y escalar el estándar a otros parques

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