Funciones, alcances y prioridades del nuevo presidente.
La Sala Plena de la Corte Suprema de Justicia eligió el 20 de noviembre de 2025 a Francisco José Ternera Barrios como presidente del alto tribunal, en Bogotá. La designación llega tras la salida de Octavio Augusto Tejeiro Duque, quien culminó su periodo como magistrado y, con ello, la presidencia.
Más allá del nombre, la elección abre preguntas prácticas: ¿qué hace el presidente de la Corte? ¿Qué cambia y qué permanece? Esta guía explica funciones, alcances y retos inmediatos que asume Ternera para el cierre del año judicial.
El presidente de la Corte Suprema coordina la agenda de la Sala Plena y la Sala de Gobierno, convoca sesiones y conduce las deliberaciones. No decide en solitario los casos: las salas de casación preservan la competencia y la colegiatura en cada asunto.
También es el vocero institucional del alto tribunal. Representa a la Corte ante las otras ramas del poder, comunica decisiones y fija posiciones administrativas, sin interferir en la autonomía de cada sala ni en el criterio de los ponentes.
En el plano interno, dirige la gestión administrativa, distribuye cargas, monitorea metas de trámite y promueve buenas prácticas. La presidencia impulsa lineamientos de transparencia, acceso a información y atención al ciudadano.
En el frente jurisdiccional, su tarea es facilitar que los despachos avancen: asegurar tiempos, soportes y coordinación. La presidencia no altera la asignación de ponencias ni la independencia del juez natural, pilares de la Corte.
La llegada de Ternera se da tras un 2025 de alta demanda: tutelas de interés público, recursos de casación complejos y debates sobre el papel de la justicia en la vida económica y social. La continuidad operativa será su primera prueba.
Entre los retos, destacan tres: cohesión interna para decisiones previsibles; vocería prudente en un ambiente político tenso; y gestión eficiente de expedientes con impacto nacional, especialmente en materia civil, agraria y rural.
¿Qué no puede hacer el presidente? No puede revocar fallos de las salas, orientar el sentido de una sentencia, ni sustituir a los magistrados en sus competencias. Su poder es organizacional y representativo, no sustantivo sobre el fondo de los casos.
Comparado regionalmente, Colombia mantiene un esquema de rotación frecuente de presidencias para evitar personalismos y reforzar contrapesos. Esto exige transiciones rápidas y equipos técnicos estables para sostener el ritmo.
De cara a 2026, la Corte realizará la elección ordinaria de presidencia para el nuevo año judicial. La costumbre pondera la experiencia y los consensos de Sala Plena, manteniendo la gobernanza colegiada como regla.
Ternera, con perfil académico y civilista, arriba con reputación de rigor y discreción. Su estilo podría traducirse en mensajes claros al público y previsibilidad en procedimientos internos, dos factores clave para la confianza ciudadana.
Académicos y litigantes coinciden en que una presidencia de transición debe priorizar procesos y tiempos, más que anuncios grandilocuentes. Gremios jurídicos valoran la claridad sobre qué hace y qué no hace la presidencia para mitigar expectativas desbordadas.
En el frente político, se espera una relación institucional y respetuosa con Gobierno y Congreso, con énfasis en la independencia judicial como eje del diálogo y la cooperación armónica entre poderes.
El nombramiento de Francisco Ternera ordena la continuidad de la Corte Suprema y aclara el alcance del cargo: coordinación, representación y gestión, sin invadir la autonomía decisional. Mantener cohesión y eficiencia será el termómetro de su presidencia.