Con Miguel Uribe liderando con 43,3%, el foco se desplaza a la pelea por el segundo: Paloma Valencia (20,3%) supera por 2 puntos a María Fernanda Cabal (18,2%). La diferencia es corta, pero estratégica: quien asegure ese lugar negociará con mejor palanca en un eventual cierre de filas.
El rendimiento urbano de Valencia (26,7% en capitales) contrasta con el 18,0% que registra en regiones. Cabal, con 22,6% en capitales y 16,8% fuera de ellas, apela a una narrativa de autoridad que conecta con coyunturas de orden público. La foto sugiere que el segundo lugar se definirá donde cada una logra crecer fuera de su zona de confort.
El 19% compuesto por “ninguno” (13,6%) y NS/NR (4,6%) funciona como válvula de redistribución. Debates, respaldos y promesas concretas en empleo, seguridad y costo de vida pueden mover ese bloque con rapidez.
En el Centro Democrático, la dirección política observa el duelo con prudencia: la competencia es saludable si ordena propuestas y evita el fuego amigo. La definición del segundo lugar, más que un trofeo, es una llave de alianzas que puede ampliar el techo del ganador.
Para Valencia, el reto es traducir tracción urbana en operación; para Cabal, ensanchar su núcleo hacia votantes menos ideologizados. La campaña que muestre viabilidad en segmentos flotantes capitalizará el tramo final.
La incógnita que queda es cuánto del voto urbano se convertirá en asistencia real el día de la consulta. Sin esa conversión, la foto no se mueve; con ella, la carrera por el segundo lugar puede redefinirse.