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Paso a paso del mecanismo que reemplazaría la consulta de marzo.

La conversación electoral dio un giro con la propuesta de Abelardo de la Espriella para escoger, por encuesta en diciembre, un candidato único de la derecha y la centroderecha. El expresidente Álvaro Uribe la celebró como “generosa” e invitó a un diálogo insistente entre aspirantes y partidos, mientras La U y Cambio Radical dejaron abierta la puerta al mecanismo, con condiciones.

La idea busca reemplazar la consulta interpartidista de marzo y acelerar una definición que hoy luce difusa. El impulso llegó tras el lanzamiento masivo en el Movistar Arena y en medio de sondeos recientes que señalan alto nivel de indecisos y ausencia de un líder absoluto por bloques, lo que hace más atractiva una solución técnica y rápida.

En lo práctico, la encuesta sería nacional, probabilística y con supervisión. Los promotores hablan de múltiples firmas para blindar el resultado, publicación de fichas técnicas completas y microdatos para escrutinio académico. Además, un acta de adhesión entre campañas definiría que todos acatan el veredicto y evitan dobles candidaturas.

El calendario es el primer reto: levantar muestras, hacer pilotajes, salir a campo y publicar resultados antes del 10 de diciembre. Las campañas sopesan si los tiempos alcanzan y si el resultado se traducirá en coaval y plataforma mínima sobre seguridad, economía y reformas institucionales.

Otra discusión es quién paga y quién audita. Para evitar suspicacias, suenan esquemas mixtos: financiación proporcional de aspirantes, auditorías de centros académicos y veeduría de organizaciones cívicas. El objetivo: minimizar el incentivo a impugnar por sesgos o errores muestrales.

En lo jurídico, el acuerdo debería permitir uso de logos, reglas de disciplina partidista y sanciones en caso de ruptura. Experiencias previas en la región indican que la legitimidad no solo depende del diseño técnico, sino de compromisos públicos y comunicación transparente de cada etapa.

¿Y el votante? La promesa es simplificar la oferta y evitar canibalización entre candidaturas afines. El riesgo, admiten los escépticos, es que una medición nacional subestime liderazgos regionales. Como correctivo, se estudian submuestras por región, tamaño municipal y voto urbano-rural.

El costo también pesa. Una encuesta robusta es más barata que una primaria, pero requiere estándares altos: márgenes e intervalos claros, ponderaciones verificables y trabajo de campo presencial en zonas de baja conectividad. Sin eso, el mecanismo puede perder credibilidad.

A nivel político, el guiño de Uribe ordena su partido y habilita la conversación con aliados. Para La U y Cambio Radical, la encuesta evita una primaria que erosione bases y obliga a negociar reglas propias. El movimiento ya reacomodó la agenda de fin de año.

Si se firma el pacto de encuesta, diciembre cerraría con foto de unidad; si no, la derecha llegaría a marzo con primaria y riesgo de fragmentación. Cualquiera sea el desenlace, el sector entró en modo decisión y los próximos días serán definitivos.

Por ahora, la señal es de apertura y pragmatismo: técnica más política para resolver una duda que condiciona la campaña de 2026. 

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