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Lo esencial sobre contratos, operadores y tus derechos como usuario.

Bogotá atraviesa una crisis de basuras que combina rezagos operativos y definiciones regulatorias aplazadas. La ciudad acumula más de 700 puntos críticos y 2.006 quejas en un año, mientras se acerca una fecha clave: el 11 de febrero de 2026 vencen los contratos del esquema de áreas de servicio exclusivo (ASE) que hoy dividen la ciudad en cinco zonas con un operador cada una.

La Comisión de Regulación de Agua Potable y Saneamiento Básico (CRA) negó dos veces la prórroga del modelo presentada por el Distrito. Ante esa realidad, la Alcaldía cambió la dirección de la UAESP, anunció un plan de choque y prometió mejoras visibles antes de diciembre. En paralelo, la Contraloría de Bogotá revisa el estado de los contenedores y eventuales incumplimientos.

Para entender el problema hay que empezar por lo básico: ¿quién recoge la basura y por qué a veces no llega? Cada zona tiene frecuencias establecidas para recolección, barrido y lavado; cuando fallan, aparecen los montones, los botaderos clandestinos y los vectores como ratas. Las quejas ciudadanas se disparan cuando hay contenedores dañados o faltantes, o cuando la ruta pasa fuera del horario anunciado.

¿Qué pasará en 2026 si no hay prórroga? La ley contempla la libre competencia: varios operadores podrían ofrecer el servicio sin exclusividad por zonas. La promesa es mayor eficiencia, pero también surgen riesgos de cobertura desigual. La Administración dice que pediría a los operadores declarar áreas de interés y usaría Aguas de Bogotá o licitaciones para cubrir vacíos.

El costo del servicio supera los $851.000 millones al año pagados por los usuarios. Con esa cifra sobre la mesa, la Contraloría exigió a los concesionarios un inventario adicional del 10% de contenedores para reposición inmediata, tras detectar faltantes en recorridos de verificación. La UAESP, por su parte, abrió nueve procesos disciplinarios; sólo uno llegó a sanción.

Un capítulo sensible es Doña Juana: el relleno sanitario recibe más de 5.600 toneladas diarias de residuos no aprovechables. El manejo de lixiviados y la presión sobre la cuenca del río Tunjuelo reavivan llamados a aprovechar más y enterrar menos. El Distrito impulsa Ecopuntos, rutas para voluminosos y campañas de separación en la fuente.

¿Qué puede hacer la ciudadanía hoy? Primero, respetar horarios y presentación de residuos; segundo, reportar puntos críticos con foto y dirección exacta a la línea de atención del operador y a la UAESP; tercero, no dejar voluminosos en la calle sin coordinar recolección. Cuarto, exigir señalización de frecuencias por cuadra y reposición de contenedores.

Para el comercio y conjuntos residenciales, la recomendación es formalizar acuerdos de presentación y verificar que las zonas de almacenamiento cumplan con cerramientos y horarios.

En los próximos meses, el foco estará en dos frentes: la decisión regulatoria que defina el esquema de 2026 y la ejecución del plan de choque en calle. En ambos, la coordinación entre CRA, UAESP, operadores y ciudadanía será determinante para que la ciudad deje de ver la basura como parte del paisaje.

 La CRA sostiene que sin estudios completos no autorizará exclusividades. En el Concejo, concejales piden metas mensuales y un tablero público con indicadores por operador. La Administración descarta declarar emergencia sanitaria y apuesta por resultados antes de fin de año con el nuevo liderazgo en la UAESP.

Gremios y expertos coinciden en que la transición a 2026 requiere contratos puente, reglas de calidad medibles y sanciones oportunas. También piden acelerar la economía circular, con recicladores formalizados y compras públicas de material recuperado.

Bogotá necesita que el ciudadano sepa qué exigir y cómo actuar, y que las instituciones cumplan. La clave es que la basura deje de ser argumento y vuelva a ser servicio: visible cuando falla, invisible cuando funciona.

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