Sin papeleo, pero con responsabilidad: el nuevo capítulo habitacional
Para muchas familias que esperan mejorar o construir su vivienda, el anuncio del decreto 1166 podría suponer la entrada de un nuevo capítulo: ya no será necesario tramitar una licencia de construcción para recibir el subsidio y avanzar con la obra.
Carmen, habitante de un barrio popular, explica que “lo que más nos paraba era el papeleo; ahora podemos empezar antes”. Al mismo tiempo, expresa su inquietud sobre si el trabajo se hará bien.
El cambio pretende facilitar el acceso a mejoras de vivienda, pero detrás de ese trámite ausente se abre también la pregunta sobre la seguridad de las viviendas y el respaldo técnico que tendrán.
El modelo de autogestión permite que beneficiarios del programa de vivienda ejecuten las obras ellos mismos o con apoyo comunitario, lo que puede empoderar a las comunidades y ahorrar tiempo y costos.
Para personas con presupuesto limitado, la posibilidad de recibir un subsidio de hasta $31,3 millones sin licencia abre la puerta a mejoras significativas en su calidad de vida.
Pero esa rapidez también genera incertidumbre: sin la licencia formal, la supervisión queda en manos del profesional que firma la carta de responsabilidad y del ente territorial, lo que puede dejar lagunas de control.
Las familias de menores recursos, que participaban en programas de mejoramiento, podrían ser las más beneficiadas —o las más vulnerables— frente a fallas estructurales o incumplimientos técnicos.
En barrios urbanos y rurales, la autogestión abre la posibilidad de que los propios vecinos tomen un rol proactivo en su vivienda, lo que fortalece el tejido social, pero exige acompañamiento técnico.
Desde la mirada de una madre que remodela su hogar, el cambio representa esperanza: “Por fin podré arreglar lo que se cayó hace años”. Pero esa ilusión va de la mano con la necesidad de garantías de seguridad.
La norma entra en vigor mientras la capacitación profesional todavía no ha sido completada, lo que deja a las familias en una transición donde la autogestión es clave pero el respaldo institucional aún se organiza.
Detrás de la medida de eliminación de licencias hay rostros, sueños y hogares que aspiran a mejorar. Para muchos, es un paso importante hacia un techo digno y accesible.
Pero para que ese sueño se concrete de forma segura y sostenible, será esencial que la técnica, la supervisión y el apoyo institucional caminen al mismo paso. Las viviendas no solo deben construirse; deben construirse bien.