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La memoria de Manuel Gaona Cruz vuelve al centro del país.

*Imagen de referencia

El edificio del Palacio de Justicia mira a la Plaza de Bolívar como si aún respirara el humo de 1985. Allí, Mauricio Gaona vuelve a pronunciar el nombre de su padre, el magistrado Manuel Gaona Cruz, y pide algo simple y difícil a la vez: verdad.

En un conversatorio titulado “Las heridas abiertas del holocausto”, Gaona elevó su voz contra el presidente Gustavo Petro. Dice que el mandatario quiere cambiar la historia con trinos, y recuerda que hay expedientes y testimonios recogidos por décadas que cuentan otra cosa.

“Las pruebas están ahí y no las podemos reemplazar por trinos”, repite. Habla de cuatro testimonios que sitúan el asesinato de su padre dentro del Palacio y mencionan al comandante Andrés Almarales. Cada palabra pesa; cada nombre, también.

Gaona no calla sobre la retoma. Recuerda un tanque disparando contra la sede judicial y cuestiona a figuras como el coronel Luis Alfonso Plazas Vega. “Colombia no agradece si en esa defensa no caben la vida y la integridad”, dice.

Del otro lado, la presidencia ha sugerido una versión distinta: que el magistrado habría salido con vida y que la Fuerza Pública sería responsable del crimen. Para Gaona, no hay soporte que aguante tal afirmación.

No es un duelo de egos; es una pelea por la memoria. El hijo, el presidente, los testigos, la plaza. Cuarenta años después, los balances siguen abiertos y las familias cargan duelos que el país no ha sabido cerrar.

“Lo que nos queda es nombrar a los muertos y cuidar las pruebas”, dice un asistente al final. El Palacio —de piedra, de humo, de archivo— continúa como un símbolo que exige cuidado.

Gaona se retira sin estridencias. Deja una idea clara: si la historia se reescribe, que sea con documentos y no con algoritmos.

La intervención desató respuestas: organizaciones de víctimas y juristas piden rigor desde la investidura presidencial; otros defienden el derecho de revisar narrativas. En la plaza, turistas hacen fotos sin saber que allí un país discute su pasado.

El Gobierno enfrenta el reto de argumentar sus afirmaciones con evidencia o resignarse a otra polémica. Entre tanto, las familias esperan que la conmemoración traiga claridad, no ruido.

El Palacio de Justicia sigue pidiendo verdad. Si algo puede reconciliar al país es la coherencia de las pruebas y la humildad ante el dolor. Lo demás es conversación pasajera.

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