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Diez personas aún no han vuelto a casa.

Cada noviembre, la Plaza de Bolívar se llena de flores blancas y de preguntas viejas. En el edificio nuevo, el Palacio de Justicia parece intacto. Pero para quienes cargan una foto al pecho, nada está completo: su familiar no aparece en las listas oficiales o figura a medias, sin verdad ni reconocimiento.

Los nombres caminan: Norma, Gloria, David, Carlos, Irma. También los de Nury, Rosalba, Julio César, Jorge Alberto y María Janeth. Diez historias que siguen esperando una respuesta definitiva. Cuando suenan los discursos, las familias repiten lo esencial: “No queremos más homenajes con ausencias”.

En 2012, el hallazgo de restos de Carmen Cristina y Mónica abrió una puerta forense. Detrás llegaron otras identificaciones, y también la certeza de que hubo cuerpos mal registrados o enterrados en tumbas ajenas. Un mapa de errores que duele y que obliga a revisarlo todo.

Cerca de allí, el Centro de Memoria guarda otras historias del país. Pero el Palacio, dicen, necesita un memorial que reconozca a todos: empleados de cafetería, visitantes, trabajadores judiciales y también militantes del M-19, porque la dignidad humana no se negocia con la biografía.

Las familias no discuten el valor de los magistrados; piden sumar, no restar. Que la conmemoración sea lista completa, no jerarquía del dolor. Que la verdad junte lo que la violencia separó.

En el lenguaje de la justicia, hay palabras clave: archivos, cadena de custodia, unidad investigativa. En el lenguaje del duelo, las palabras son otras: casa, abrazo, regreso. Ambas lenguas se necesitan para cerrar un ciclo de 40 años.

Por eso la consigna es concreta: abrir los archivos militares, trazar itinerarios de responsabilidad en toma y retoma, y convocar a forenses y familias a una ruta con plazos. Sin ese paso, cada aniversario es apenas una ceremonia más.

El eco del aniversario no termina en la plaza: llega a barrios y aulas. Que los estudiantes aprendan todos los nombres; que la memoria no sea una foto borrosa sino un libro completo.

Colectivos de búsqueda y plataformas de memoria celebran que, este año, la discusión haya puesto el foco en quiénes faltan. También alertan: el tiempo erosiona pruebas y voces; 2026 debe ser un hito de resultados.

En juzgados y ministerios, crece la presión para anunciar medidas verificables: protocolo de archivos, plan de búsqueda y un memorial con rostros y contextos.

Las flores se marchitan, los nombres no. Para cerrar la puerta del Palacio, falta abrir otras: las del archivo y la verdad plena.

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