El permiso de votar a un senador encendió alarmas en el partido.
En el recinto donde se cuentan mayorías, un voto puede convertirse en símbolo. Para Cambio Radical, el de Temístocles Ortega lo fue. Aun cuando la bancada lo había sancionado por apartarse de la línea durante la consulta popular de la Casa de Nariño, una medida cautelar de la magistrada Fabiola Márquez le permitió tomar parte en la elección de un magistrado de la Corte Constitucional.

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Según la colectividad, Márquez decidió a pesar de estar recusada y sin suspender el trámite para que la sala plena resolviera. En su versión, la cautelar de urgencia dejó sin defensa al partido.
Del otro lado, silencio: el expediente sigue su curso y el tribunal se ajusta a sus tiempos, el telón de fondo es conocido, partidos en reacomodo hacia 2026, con organismos de control electoral obligados a equilibrar celeridad y neutralidad. En ese borde, una firma en el lugar y el momento exactos puede mover una elección, aunque el resultado final, como en el caso de la Corte, no siempre coincida con las apuestas políticas (ganó Carlos Camargo, no Patricia Balanta).
El caso es, a la vez, técnico y político. Una tutela que empezó por un voto podría terminar delineando la geometría de la imparcialidad en el árbitro electoral. La audiencia pública y el fallo darán el veredicto.
Mientras tanto, en los pasillos del Congreso, la discusión se reduce a lo esencial: ¿quién puede decidir qué y cuándo en el CNE cuando hay conflictos de interés o recusaciones? La respuesta perfilará la cancha donde se jueguen las próximas batallas electorales.